Cantos que atraviesan el alma: Petirrojo y pinzón

 
Foto:
 
 
 
 
PINZÓN
 
 
 
Hay un pinzón de luz entre las copas de los árboles;
 
notas solares reverberan en sus alas.
 
Se entrega a su canto como la vida de una estrella se entrega al infinito.
 
Se ruboriza el oxígeno de los árboles; se expanden las flores,
 
gotea asombro de las nubes…
 
Y en mi pecho se mece una inmensa pradera azul.
 
 
 
Foto: Volarela
 
 
PETIRROJO
 
El petirrojo se posa sobre la piedra aún caliente. 
Comienza a cantar.
Las primeras estrellas visten de noche a las dalias, 
y un aroma de jazmines nada por el agua.
 
El petirrojo canta
y se refleja en su voz
el oro derramado de los chopos ya dormidos,
el luminoso diálogo de las nubes malvas.
Canta.
Canta. Petirrojo,
ángel de las ramas:
destrenza mi vida en cascadas…
 
Es tu canto un río de rosas
que va empapando el camino.
Te sigo. Canta…
Una lágrima de resina resbala por tus alas.
Canta…
Me abrazo a tu música y puedo amarte
 en tu pequeña y frágil noche anaranjada.



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Una gota, un pétalo

 

Imagen: heavenriver: http://heavenriver.deviantart.com/

UNA GOTA, UN PÉTALO

Una gota de rocío condensada,
naciendo sobre un pétalo,
se redondea, se hincha, crece,
hasta reflejar la faz redondeada del mundo.
Su inmenso orbe de moléculas sueña en perfecto equilibrio…


El sol le suma vida, la hace brillar, pletórica,
reflejo de mares insondables,

inmenso espejo entre la bruma.


Y el mismo sol le quita luz, le resta, poco a poco, el agua,

su sonrisa de cristal.
La va secando
sobre la sumisa quietud del pétalo…

Un pequeño esqueleto mineral es lo que queda de la gota

muerta;
y una huella de lo inconcebible

marca la piel roja del pétalo, su solitaria carne atardecida.

 

El pétalo ya no es el mismo:
Ahora se mece inquieto, sin brisa, cada madrugada,
esperando el regreso de su gota.

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Tierras de Soria. Castilla (Prosa poética)

Fotografía de “Buitre”

Mi encuentro, en la lírica llanura castellana, con un perro solitario, en un viaje hacia los Pirineos.

De “La naturaleza en el corazón”.

“Tierras de Soria”

 Me encuentro sobre una anchísima planicie de melodías estoicas y rojas: Castilla.

He bajado de mi moto a pisar este suelo; a tocar sus raquíticos brotes de hierba inclinada bajo este cielo sin fin. Y ya atardece. Noto un soplo ligero de infinitud en mi nuca: es una brisa cálida sin lugar de nacimiento ni muerte que me hace disfrutar de este cansancio tibio.

A lo lejos, un perro. También sin cuna, y quizás, sin sepultura. Es castellano. Lo dicen sus huesos hincados en su pelaje tostado (piel dura, pero sin soberbia). ¿Ladra? Sí. Y con él los adioses del trigo en la distancia. Y allá se estremece un viejo alcornoque en su propio ladrido de ramas retorcidas. El perro se está anaranjando con el sol y empieza a husmear el tiempo que se guardan las piedras. Yo lo miro, lo llamo plácidamente. Deseo acariciar a un ser tan anónimo como yo. Somos dos solitarios que pueblan el paisaje. ¿Será mi olor blanco para él, nuevo, sin ninguna señal que le recuerde al cuadro en el que vive?

Toma, te ofrezco mi mano, mis vibraciones hechas tarde. Y él baja la cabeza, ya a mi lado. La cola quieta, el pelo áspero, las orejas tiesas y las patas rígidas. Es su modo de recibir mi caricia.

De su tímido hocico brota el lenguaje de la llanura, como una sonrisa muy recatada, teñida de amarillo y con labios de soledad. Y cuando más confiada me muestro, cuando ya estoy dispuesta a desperezar mis coloquios vespertinos, huye. Así, imperceptiblemente, como se van desvaneciendo las formas del paisaje y trocándose en tinieblas al llegar la noche.

Tierra sobria y triste, me despides con un adiós parco, pero franco. Me quedo con tus colores de adagio y tus arrugas sin fin. Tendré que sumergirme en la oscuridad, con mis faros eléctricos como única guía. Y seguir mi viaje.

Y seguir… con tu recuerdo sediento,  agazapándose en un resquicio de mi ser…

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Solo de ave (Canto de un zorzal al amanecer)

zorzal-charlo-copia-paco-choclan-1024x768                                                                        (Zorzal común: Foto de Paco Choclán)

Si gozas con el finísimo encaje de los arpegios de un violín; si el borboteo de un torrente en la montaña te desliza hacia la paz más honda; si al tumbarte sobre la hierba te regocijas con el mullido tacto de la hoja en crecimiento; o si el entrecortado impulso de las piernas de un recién nacido, buscando el tacto del mundo, te parece delicioso; si, en fin, los innumerables destellos de gracia esparcidos por la materia dulce de nuestra Tierra te iluminan, no menos lo hará el canto de este ave.
Mi consejo es que la busques a comienzos de julio, por un pequeño prado de montaña rodeado de bosque; que descanses una noche al raso; que te lleves la luz de las estrellas a tus sueños y luego te dejes despertar por el silencioso amanecer. Cuando puedas distinguir en la tenue luz a las soñolientas hojas de los árboles, él comenzará su canción. No esperes un canto al modo que entendemos los hombres. Es más bien un monólogo musical, vertido al aire fresco sin conciencia de ser escuchado por ciervos, abetos, tréboles o humanos. Es una entrega gratuita para solaz de tus sentidos recién despertados. Él no verá tus ojos abiertos, pero entrará en tus oídos acariciándote desde el tímpano hasta el alma. Te parecerá que aquel sonido no está ubicado en ningún lugar mortal; tendrás la sensación de que viene del fondo de un río celestial; no reconocerás ninguna nota: todas te parecerán nuevas, de la sustancia de los sueños, recién creadas. Serán salpicaduras de luz mojándolo todo de plata; ondas líquidas viajando por el aire, trenzadas en la paz.
Y notarás repentinamente que los trinos libres se cortan: el pájaro medita. Decide un cambio. Y continúa después con el más imprevisible de los sonidos: una palabra redonda, modulada en dirección contraria, al capricho puro de la inspiración. Ahora, una frase larga y atrevida. Ahora una dulce y arremolinada; un bucle estremecido y después, silbidos de viento liberado.
Inventor, poeta o garganta de promesas: así llamarás a tu zorzal. Cuando vuelva el silencio, se te hará grande la mañana, te parecerá que se ha quedado sola. Lo llamarás de nuevo, para no perder esa fragancia inabordable que te dejó. Y él te responderá a lo lejos, desde el tiempo de tu mente, durante muchos días, para dejarte su vivo alimento de belleza.

 

Texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)
Zorzal escuchado en los Pirineos, Circo de Pineta.

(Ignoro si era un zorzal común o charlo)

Vídeo: Javier Laplaza: https://www.youtube.com/watch?v=7nZ_NG4tmnU

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Simple (poesía)





SIMPLE

Quisiera que me miraras y vieras el mar hablándote
con la melodía del azul.

Quisiera ser simple como una flor en la mano de un niño.

Ser como el horizonte
detrás de todos;
muy simple…
como una mano tendida,
como el maullido de un gato,
como una huella en la nieve.

Aprender a ser…
callada y sabia
como un huevo en su nido.

Quisiera ser tan elemental como un abrazo,
tan verdadera como las piedras.

Ser, tan sólo ser…
hasta que todos vean transparentarse mi alma,
y contemplen a través de mí
el vuelo de los pájaros de sol.
***

Imagen digital y poema: Maite Sánchez Romero (Volarela)

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