Nido vacío (Prosa poética de naturaleza)

 

NIDO VACÍO

A mis pies encuentro un nido vacío. Lo tomo, y siento cómo un cielo de hojas sube por mis brazos. Experimento un palpitar amoroso de plumas cubriendo tres frágiles huevecillos. Alrededor de ellos, las ramitas armoniosamente entrelazadas son el hogar de las futuras bocas desafinadas.
Soplo, sobre el nido, un resto de plumón aún con la música del crecimiento. Huele a inquietud, cobijo y aventura. El viento continúa mi soplido y eleva esa alma tan tenue, tan blanca y tan lánguida hacia arriba.
¿Adónde irá su inocente levedad?
Vuelvo a mirar el redondo vacío de este nido. Está tan quieto, tan detenido en esa soledad suya…
Pero súbitamente, oigo un quebrarse de verdes cristales desde las copas. Hay un ser alado cantando. Y yo me diluyo… despacio… en ese canto que traduce todos los colores palpitantes del bosque. Sobre mi cabeza, continúa su juego musical, deletreando la brisa azul que lo acaricia. Quedamos solos, el pájaro y yo, sobrecogidos en la profunda quietud.
Parece que el instante empieza a anidar en mi cuerpo, y quedo suavemente detenida.
Abro mis ojos, y miro nuevamente en mis manos el nido vacío. Y lo coloco en el suelo como si aún tuviera vida. Y me parece, que tras de mí, él se queda cantando, finamente, con las hebras del tiempo.

 

***

Maite Sánchez Romero (Volarela)

Ilustración: Piares (versión en color)

Texto: “La naturaleza en el corazón”.

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Sin ti me palpo (Poema de amor)

 

Sin ti, con tu hueco clavado entre mis brazos,

me palpo

y el aire de mi interior suena

a vientos atrapados en las puertas,

a grillos en el rocío de un lamento.

 

Me palpo un páramo helado.

Me palpo rosas arrugadas en la comisura de los labios.

 

Soy nieve que resbala en el silencio…

Soy pluma flotando en el abismo.

Soy

unos labios que se besan a sí mismos

y encuentran sólo el rastro

seco de tu beso.

 

Me palpo  amapola en llamas,

abrazada a la furia

de mi soledad.

 

***

 

Poema inspirado en  esta ilustración de mi hermana Clara

 

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Viernes en sintonía. El perdón

 

 

 

EL PERDÓN

 

Bajo los pies descalzos

una mariquita se puede encontrar

con un mar dorado en cada antena.

Si no la pisas podrás verla

subir por tus brazos con un goce infantil.

Y tú te llenarás de lágrimas.

***

 

https://presentaciones-ester.blogspot.com/2018/12/viernes-en-sintonia.html

 

 

 

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El abedul apasionado (prosa poética de naturaleza)

 

 

   ABEDUL APASIONADO

Fue semilla una vez. Como yo, embrión en el vientre de mi madre, él, en el de la tierra, mamaba suavemente la humedad. Algo misterioso dentro de sí mismo le fabricaba diminutas raicillas, como a mí dedos de sangre, para aferrarse a los terrones que serían sostén y alimento. Le llevó mucho tiempo romper la coraza del suelo y asomar sus diminutos cotiledones a la hoguera de la luz, repleta de soberbios troncos, de esplendor y de hojas libres susurrantes y perfectas. Él soñaba día y noche con un pedazo de cielo que en lo alto le agarraba las ramas tiernas y tiraba de él llevándolo a un baile maravilloso inundado de trinos azules.

Quería llegar hasta allí, pero era duro: las sombras de otros árboles abofeteaban sus tímidos impulsos de crecimiento. Y a veces masticaban sus recientes hojas las pequeñas sierras de los insectos, o se veía desgarrado por una granizada lanzada desde un frío grito de las nubes, esas mismas que otras veces se entregaban sumisas y en hilos de seda al puro azul.

Él era abedul, o así lo delataba su estilizada figura recubierta de papel de luna y ojos negros que contemplaban extasiados los mástiles del bosque y sus flamantes velas verdes.

Era abedul, bailarina delicada con piel de plata siempre danzando hacia arriba, con cascabeles en las ramas. Alegre, poeta, se sabía efímero, incapaz de sobrevivir a los implacables rayos del tiempo. No obstante, luchaba con el tesón de un dios por su pedacito de aire, luz y agua. Y mientras luchaba, jugaba a trinar con los pájaros y rimar con el sol.

Creció muy cerca de un riachuelo que surcaba el bosque en primavera y que arrullaba sus noches junto a los búhos. Era tierna esa agua; le refrescaba las raíces, los pensamientos, le acariciaba la savia; y su voz era una canción exquisita y maternal que lo impulsaba a crecer más y más. Y creció mucho, pero siempre delgado, apresurado, idealista, con ese exceso de mimo por la abundancia del agua que le hacía precipitarse confiadamente hacia el cielo. Sus raíces no eran sólidas y se agarraban con demasiado entusiasmo a una tierra inestable.

El riachuelo, una primavera de lluvias compulsivas y feroces, creció hasta agigantarse. Y se comió locamente, irracionalmente, como es el agua emocionada, toda la tierra que sostenía las raíces del árbol. El abedul de risa sonajera se desplomó.
Ya no hay poeta en el bosque, ni adolescente apasionado, ni danzarina de largos brazos de luz. Sus raíces se retuercen inermes en el aire gritando como un violín que desafina.
Han pasado algunas lluvias desde entonces, y el riachuelo, más callado ahora, no ha vuelto a ser el mismo que era.

***

Fotografías y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)

Las fotos fueron tomadas en un bosque de abedules del Pirineo catalán

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Contigo (poema en prosa de amor)

CONTIGO

  Estoy aquí, siempre, contigo.

  ¿Adónde vas con esas manos llenas de conchas golpeando el sueño del mar? Estoy aquí, contigo.

  Mírame a los ojos, donde retozan tus recuerdos, y camina de mi brazo; déjate amar como los gatos elásticos y libres, cúbrete con las flores derramadas de mis labios fieles…

  Somos un sólo mástil, sin ancla, con rumbo a todos los momentos; y estoy aquí, siempre, contigo. Y te quiero con la suavidad de una estela avanzando en el agua.

  Es firme esta tierra que acoge nuestros pies y los envuelve sobriamente en su ternura. Es firme, créelo, como nuestro abrazo.

 

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