Flores en el río



FLORES EN EL RÍO

Flores en el río dejan cintas rojas en las manos, nubes moribundas anhelando amarte.
Flores heladas en el río… y un viento de cobre muy solo tras las hojas secas.
Flores flotando ausentes, decoloradas, frágiles como tus párpados. Y tú…flotando con ellas,
en un recuerdo de lilas diluidas.
A lo lejos, los lirios portan espejos de agua donde el cielo lee su canción misteriosa.
A lo lejos un eco… de campanas lejanas se deshace en el agua de tus ojos.

Tú y él en diferentes estrellas, atravesando las profundas plumas del tiempo.

Flores vertidas por tus labios al nombrarle… con su sombra de planeta herido rodeándote…
Flores en el río, viajando nostalgia arriba, ciñendo la cintura de la aurora hasta parir un sol sin luz sobre tus manos frías.

La corriente se lleva las flores hacia su trémulo corazón de vértigos…
Y tú buceas.
Sabes que, al otro lado del fondo… también él bucea.

*

Fotos y poema en prosa: Maite Sánchez Romero (Volarela)

 

 

Publicado en Poesía de amor

Vencejos

 

Dibujo: Volarela
Cuando venís cada año al marco de mi cielo, dejáis caer en mi vida la flor inmortal de la primavera, venida de lejanas eras, flotando, rosa, pujante y libre. Cuando oigo en la distancia vuestros gritos traspasados de luz, mi sonrisa quiere escapar y acariciar vuestro entusiasmo, allá en lo alto de la vida.
Las reposadas palomas despiertan preguntándose qué prisa es esa que va chillando por el aire, y algún niño pensativo, tras la ventana, persigue con el dedo vuestro negro serpenteo. ¡Caen vuestras esbeltas sombras como música triunfal sobre las grises calles!
Vencejos, amigos, hermanos: la vida siempre es una fiesta entre vosotros. ¡Qué fantástico sería poder unirme a vuestro vuelo, sentir ondas de vértigo y júbilo recorriendo mi cuerpo! ¡Oh, sí! Tocar desde lo alto, desde lo más alto, la respiración quebrada de las nubes; seguir volando o corriendo, o bailando o soñando, o tremolando… con las plumas abiertas, abrazando el abismo… Ágil,
vibrante y sonora, gritaría: Sííííí… Sííííí… Sííííí… hasta el estremecimiento del alba. Y tampoco yo pisaría el suelo; me haría transparente y aérea, como vosotros.

    Mas aquí, con mis raíces en la tierra, sólo puedo coger un instante de vuestra imparable alegría, amados vencejos, y llevármelo, para colmar de luminarias los rincones de mi alma.


Maite Sánchez Romero, De “La naturaleza en el corazón”


***



Publicado en naturaleza

La naturaleza en el corazón.

 

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Os presento mi nuevo libro sobre la naturaleza. Escrito en prosa poética e ilustrado por mí en tinta y blanco y negro.

Como lanzamiento, lo estoy repartiendo gratis en Pdf.

Y dentro dedos meses estará también en la versón en papel por Amazon.

No es fácil hablar de él, porque es algo que forma parte de mí… Es el fruto de muchos años de encandilarme con la naturaleza y pasar a papel mis impresiones: poéticas siempre… y llenas de emoción…  Todas esas pequeñas vivencias, estampas, enamoramientos de mi alma al contemplar la vida maravillosa, quedan aquí reunidas en 90 páginas: un burro que rebuzna alocado, un río que te envuelve y acoge, un bosque místico, la belleza sencilla de las palomas, una ascensión hermosa, un amanecer entre montañas, un caballo nostálgico, etc…

Espero que os guste, y disfrutéis leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Aquí dejo el libro para el que quiera leerlo en línea o descargarlo a su ordenador:

https://drive.google.com/open?id=0BzoXVU99cmHMNmJYWk8tanRQcW8

Y aquí, el enlace de Issuu, para que le echéis un vistazo general:

 

 

 

 

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Canción de acantilado

 

Tú lo sabías. Sabías que desde el acantilado tu vida podía desgranarse en gaviotas de espuma.
El acantilado siempre estaba ahí, rompiendo los cristales de tus lágrimas, vertiéndolas por sus paredes piadosas. Y tu pie, – ¡ay tu pie!- quería bailar con las olas adormecidas de aquel agua… Útero cercano donde beberse la suavidad completa del mar.
Pero volvías tus pasos a la hierba adusta, que sentía tu huella humana tan pequeña como un grillo pariendo su tristeza en miles de huevos.
Luego te tumbabas y cerrabas los ojos… y el cenit de estrellas comenzaba a rozar tus párpados cubiertos de incertidumbre.
Pero una noche, una música brotó de las piedras del acantilado y se acercó a tu oído. Te llamaba con resonancias siderales tan hermosas como un corazón latiendo a la vez en todas las estrellas. Te contagiaba su calma, su armonía irresistible y se adhirió a ti como las lapas a la roca.
Y ahora, cada mañana, vuelves al pueblo cantando esa canción cuya letra sólo el acantilado conoce: la misma que te salvó.
Los niños te llaman loco. Pero tú a todos los miras con ojos de precipicio y sonrisa imparable de libertad.
***

 

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Foto y relato:  Maite Sánchez Romero (Volarela)

Publicado en Pequeñas historias

Paz

 
 
 
Paz. Tan pura como el agua. Paz.
Y el silencio de un niño que contempla el movimiento de  los
árboles… 
 
 
 
 

Paz. Oleadas de flores blancas por tu espalda…

 

 
 
 
Paz intensa.
Paz  de roca.
Quietud de raíz tejiendo los sueños de la Tierra…
 

 

 
 
 
 
Los peces burbujean paz… y nadan por un sueño de olas de
bronce….
Nadan… Nadas…
Y eres la paz que acaricia con música de estrellas el corazón de
la flor. Eres el
labio que pronuncia en soledad una palabra refulgente, muy despacio, frente al
fuego:
 
 “Vida…”
Vida… o soles líquidos buscándose por las venas de todos los seres.
 
 
 
 
 
Fotos y texto: Volarela (Maite Sánchez Romero)
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