Tras aquella ventana

ESTE BLOG SIGUE PUBLICANDO EN:

https://volarela.blogspot.com

Fíjate: ¿ves esa ventana? ¿La del noveno piso del edificio de las dos parabólicas? ¿Ves esa cortina que acaba de correrse, y esa joven, de unos diecisiete años, asomando su rostro de cera blanca? Pues observa y comprenderás cómo es el rostro de la tristeza. Sus ojos, si te acercas un poco, tienen agua herida que está a punto de salir, atravesando los cristales opacos de su alma. La pena de su llanto interior sale a espasmódicos borbotones, con vuelo errático de paloma confusa. Ella se siente presa en sus propios sentimientos. Se le abren las fosas nasales como queriendo abarcar más aire, más respuestas. Todo, para ella es de un carmín oscuro y doliente: las dalias caídas del jarrón que ya huelen rancio…; las palabras hirientes de su madre aquella tarde; algún piar perdido de gorrión que vaga por el aire desangrándose…. El rojo juvenil de sus labios grita en silencio… mientras el de sus mejillas se apaga lentamente con el cielo oscuro. Los labios de la muchacha comienzan a temblar, solitarios como una palabra perdida en el pasado. La lágrima le empaña la visión mientras el mar revuelto de su interior la empapa, la enmudece, la ahoga. Las aves, afuera, siguen, alegres, en su algarabía concertada, celebrando sus encuentros de verano. Un hombre joven cierra las puertas de su tienda y sale, con paso ágil, envuelto en la brisa de la noche tibia; y en el parque una mujer llama a sus hijos con tiernos ladridos maternales… La densa lluvia sigue cayendo en el interior de la chica. Nadie puede escucharla. Su lágrima afilada, quemante, bordea el horizonte rojizo de sus labios y sucumbe a la noche de su pecho.

Tras los cristales, llora. Mírala; ha abierto la boca y su rostro es una rosa deformada. Ahora tiene la mirada de un yerto páramo mientras abre la ventana. La última gota que resbala por su mejilla moja el hombro del niño que piensa en el regalo de su próximo cumpleaños… Después vendrá a ella el deseo ardiente de extinguirse hasta ser ceniza fría en la arena. Amigo, has visto el rostro de la tristeza y cómo el dolor se cuelga de la muerte. Fíjate también como la vida atrae a la vida, por  más oculta que esté.

Ahí deambula un vencejo demasiado apasionado. No ha comido mucho y todavía sigue hambriento, a pesar de que todos sus hermanos han subido a las nubes para acostarse. Enceguecido por el crepúsculo y la velocidad, se cuela en el cuarto de la chica y cae, herido, sin poderse levantar del suelo. Es sólo un ser desvalido y aterrorizado, arrastrándose desesperado, presa del pavor. Ella abre sus párpados hinchados, como si viera por primera vez en días… Le besa la cabecita aturdida… le busca un refugio entre sus manos de abedul temblorosas… y cierra su ventana.

Ahora, con la criatura en el cuenco de su mano, dispuesta a salvarla, siente el apresurado latido del ave. Y ese pequeño calor se va vertiendo en su propio latido. Y ya está pensando en dónde lo alojará, y con qué lo alimentará…

Y la encenegada sangre  de la muchacha­­ comienza a fluir hacia los vértices de una ilusión . Y en poco tiempo la vida habrá expulsado a la muerte.

Maite Sánchez Romero (Volarela)

Publicado por volarela

Entusiasta de la vida, amante de aprender, hechizada por el arte, inspirada en el misterio, aspirada por Dios...

5 comentarios sobre “Tras aquella ventana

  1. Vaya relato, cuan hermoso y elocuente, demasiado triste, muy avido de soluciones. Un relato tan bien trenzado que leerlo es un placer. Un abrazo grande

  2. Después de leer tu relato un par de veces, siento con claridad que la vida es humana y es divina, amiga. Ese vencejo perdido, dolido y atolondrado es el símbolo de la misma protagonista de la historia. Ella toma en sus manos la vida del vencejo y lo va a cuidar, cuidando y curando a la vez su propia vida. Ha sabido desdoblarse por dentro, sacar su compasión, su valentía y voluntad para desplazar la tristeza-muerte y hacer que triunfe la vida. Ahí está su cuerpo humano y su alma divina.
    Mi felicitación por tu profundidad y buen hacer. Mi abrazo admirado, Maite.

  3. Me encanta como atrapaste el instante.
    Sin previo aviso. Sin proponerlo.
    Y esa es la magia de tu relato.
    Bravo Maite. Un abrazo.

  4. Qué delicadeza y hermosura de relato, como los mismos pájaros, que en un estado de vulnerabilidad, ellos mismos y nosotros, nos devuelven al sentir y al sentido de la vida. Pura belleza lo que describes.
    Un abrazo grande.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: