Canción de acantilado (prosa poética-microrrelato)

 

Tú lo sabías. Sabías que desde el acantilado tu vida podía desgranarse en gaviotas de espuma.
El acantilado siempre estaba ahí, rompiendo los cristales de tus lágrimas, vertiéndolas por sus paredes piadosas. Y tu pie, – ¡ay tu pie!- quería bailar con las olas adormecidas de aquel agua… Útero cercano donde beberse la suavidad completa del mar.
Pero volvías tus pasos a la hierba adusta, que sentía tu huella humana tan pequeña como un grillo pariendo su tristeza en miles de huevos.
Luego te tumbabas y cerrabas los ojos… y el cenit de estrellas comenzaba a rozar tus párpados cubiertos de incertidumbre.
Pero una noche, una música brotó de las piedras del acantilado y se acercó a tu oído. Te llamaba con resonancias siderales tan hermosas como un corazón latiendo a la vez en todas las estrellas. Te contagiaba su calma, su armonía irresistible y se adhirió a ti como las lapas a la roca.
Y ahora, cada mañana, vuelves al pueblo cantando esa canción cuya letra sólo el acantilado conoce: la misma que te salvó.
Los niños te llaman loco. Pero tú a todos los miras con ojos de precipicio y sonrisa imparable de libertad.

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Foto y relato:  Maite Sánchez Romero (Volarela)

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Acerca de maite

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