Pequeño globo terráqueo (microrrelato-fantasía)

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Había algo completamente extraño en sus palabras. No parecía él. Tenía un polvo anaranjado sobre los hombros de la chaqueta, y ésta parecía venirle corta, como si hubiera crecido bruscamente. De su bolsillo sacó una pequeña bola brillante. Detenidamente, vimos que se trataba de un globo terráqueo.
Afirmó haber salido del planeta al quedarse mirando aquel reloj, obsesivamente. Y señaló el pequeño reloj que tu tía dejó sobre la mesa. Luego, añadió que traía un mensaje de otro mundo. Pidió papel y pluma y lo escribió temblando espasmódicamente y goteando un espeso sudor naranja, que al caer agujereó pequeños trozos de alfombra. Después murió allí mismo. Sobre la mesa.
Inmediatamente después, el papel se elevó, como impulsado por una rara brisa y salió por la ventana. Y según se alejaba hacia el horizonte, algo así como una inmensa nube negra gigantesca se aproximaba, oscureciendo el cielo de un modo espantoso. Y comenzaron a llover los pájaros muertos. El pequeño globo terráqueo, como una canica loca, salió del bolsillo de nuestro hermano muerto y comenzó a golpearse contra las paredes.
Aterrorizados, salimos de la casa. Pero la calle era otra. O más bien era otro mundo, inesperado como el sueño de un loco. Nos vimos pisando un gigantesco reloj, sobre la hora doce. En cada hora, cuarto y media, había un grupo de personas, tan aterrorizada como nosotros. El reloj comenzó a girar, y es así como, tras varios minutos rodeados de números cambiantes, tan vivos como renacuajos, llegamos a traspasar las nubes de Júpiter.
Crecimos como gigantes y se nos puso la piel de un color azafrán. Y ahora tenemos miedo y ni sabemos ni nos atrevemos a volver. Todavía oímos en nuestras mentes a la pequeña tierra golpearse a sí misma contra las paredes.

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Acerca de maite

Amante de los libros, el arte, la naturaleza y los viajes. Y difundiendo todo esto en la medida de lo posible.
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