La humilde fregona (prosa poética)

 

La humilde fregona tiene marcado el codo con un guiño de fuego de las Pléyades,
barre una y otra vez los lamentos de su vientre; recoge setas sonrosadas de las papeleras de la esquina
y las regala a los niños más tristes que sus dientes partidos.
La humilde fregona no entiende de señores, a todos los friega con el mismo labio.
El único que conoce: el de la verdad.
Llama de tú a las salamanquesas y al señor enladrillado, al ascensor de ángeles y al rostro adusto del árbol anciano.
La humilde fregona no sabe tampoco de humildades, todos son astros para ella: el cocinero, la pulga y el jilguero. A veces pierde la brújula y le saca brillo al mar.

Ha oído las trompetas de los niños del cielo desde un cubo de agua, y también el tam-tam de la tristeza de dos ríos que no se encuentran nunca.
Tras los cristales manoseados, ha contemplado, atónita, dos nubes desangrarse por unos ojos ciegos; al orgullo hacerse tren y aplastar las manzanillas del llanto. A las rancias hojas de la envidia obturar las tuberías; a la pasión desbordada quebrar lagos, a las dagas del amor hacerse abrazos… y cien mil historias más impresas en las motas de polvo que va retirando cuidadosamente con un plumero de suspiros de sauce.
La humilde fregona tiene tanto peso en su pequeña mirada de noche coloreada; ve tanto y siente tanto…  que a veces cree que no puede caminar.
Pero no dice nada, y sólo enseña a los demás los callos de sus manos.

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Acerca de maite

Amante de los libros, el arte, la naturaleza y los viajes. Y difundiendo todo esto en la medida de lo posible.
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