Mi fuente incesante

Iba caminando

con los mismos pies que partieron un día
del vientre del dolor,
pisando asfaltos y sendas,
aguas y horizontes;
y sin querer, mis huellas escapadas
se hundían
hasta fundirse con el magma
de la misma tierra.

No sabía
que los pájaros estaban tomando
para sus cantos
los vientos que abandonaban mis piernas;
no sabía
que a través de mi pelo
circulaban auroras en flor;
que me ofrecían cobijo
los dedos de las águilas;
que mis iris eran estrellas
en expansión.

No imaginaba a las moscas
tomando mi aliento prendido en las hojas
para envolver sus tiernos huevos.

¿Qué tengo?
¿Qué me atraviesa; de dónde viene esta dulce
maravilla?

Ahora lo veo,
en la claridad de tu beso:
eres tú:
el que me envía ese amor incesante,
desbordado, manador,
escapando de mi piel,
de mi gesto y de mi aura.

Es tu amor ardiente
el que se derrama por las laderas de mi alma,
el que escapa
a presión por mis poros como géiser
entre las conmovidas rocas de mi pecho.

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Acerca de maite

Amante de los libros, el arte, la naturaleza y los viajes. Y difundiendo todo esto en la medida de lo posible.
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